viernes 5 de febrero de 2010

Cosas que pasan en islas como estas


Pasó la última réplica y tomó suavemente las sandalias que había dejado minutos antes a orillas del camino de tierra. Esas sandalias eran lo único que le quedaba en el mundo. Y su decencia, claro, que no tardaría en perder para poder echarle algo al buche. Marchó despacio para no despertar a los muertos, no vaya a ser que alguno estuviese a medio camino y lo interrumpiera rumbo a ese túnel de luz que siempre nombran los curas. No quiso ni detenerse a ver si alguna de esas deformidades oscuras era algún conocido del barrio o algún familiar casi cercano. Ella solo vivía con su madre que había muerto hace algunos meses así que no tenía mucho a quien encontrar. Encontró si cosas mejores como joyas viejas, otro par de zapatos y una frazada para taparse la cara de día y cubrirse la espalda de noche. No quería que los rubios tuvieran piedad de ella; podía arreglárselas solita un poquito más allá de la frontera. Que no le vinieran con cuentos. Bien sabía ella que con un costal de harina y un jarro de leche no se vive. Tal vez de amor se pueda vivir. Una vez estuvo enamorada de un hombre con el que vivió cerca de un año. No tenía que comer pero se amaban tanto que sentía que lo demás no era innecesario. Ahora no tenía ni amor ni comida; su techo estaba en el suelo y su cabeza se volteaba de la misma forma. Todo se veía muy lejos, no sabía si caminaba en dirección correcta, pero los reporteros estaban a media cuadra así que debía apurar su paso. No vaya a ser que la terminaran apuntando con una de esas máquinas para multiplicar su rostro sufriente al mundo entero, no Señor.

viernes 24 de octubre de 2008

Océano

Valentina tenía un océano en la mano. Era tibio y cristalino, lleno de algas puras y vivientes. Tenía costas y roqueríos, mareas altas y bajas: todo en la palma de su mano. Siempre miraba ese pequeño espacio de su cuerpo que por entre sus dedos fluía con las mismas ganas con que fluía su niñez. Todo, hasta que la aurora en ese mundo no volvió a nacer, y la oscuridad se apoderó de las olas, de la brisa y de la luna, siempre nueva. Valentina había olvidado por completo la existencia de ese recóndito océano en la palma de su mano. Pasaron días, pasaron años, y a cada momento ese paraíso personal se desgastaba: cuantas veces no cayó la niña y con las manos se frenó en el suelo; cuantas veces no acarició pelajes, golpeó mesas y rostros, alentó saludos sin respuestas y aplaudió acciones sin sentido. Todo para olvidar aquello que le era tan propio, tan esencial. Pero hubo una época en la que estuvo sola, muy sola frente al mundo, en donde su único destino era esperar una muerte que nunca llegaba; y ahí fue cuando una tarde primaveral volvió a ver un pequeño destello de luz en la angustiada palma de su mano izquierda: era un pequeño granito de arena que brillaba con ese sol que ahora volvía a nacer. Luego brillaron las olas, la espuma, las rocas húmedas y, finalmente, sus ojos de niña que aún vivían. Desde aquella vez, Valentina nunca más volvió a cerrar su mano, solo hasta el día que la marea se recogió por completo y su hijo cerró su palma justo antes de decirle adiós.

viernes 1 de agosto de 2008

La frase

Fue un día, mientras leía uno de esos libros de literatura anglosajona en donde aparecen mujeres enamoradas y reprimidas de principio de siglo o del siglo pasado donde, entre una de esas líneas, apareció frente a mí una frase (probablemente mal traducida) que decía algo así como "te quiero", y al leerla la sentí tan familiar como si la hubiese escuchado una par de veces en mi vida o millones de veces en un sueño. Fue extraño, pero comencé a usar esa frase para ensalzar mi alta cultura literaria, así cuando se la dijera a alguien de manera inesperada, ese alguien me preguntaría: ¿que significa eso? ¿de donde tomaste esa frase?, y yo les contestaría consultando mi biliografía mental llena de libros, cuantos y ensayos. Sin embargo, el día que la dije (no recuerdo si a mi madre o a una hermana), la respuesta fue "yo tambén te quiero". Mi sorpresa fue mayúscula, ¿acaso habían leido ellas también esos libros? ¿acaso sería yo la ignorante?. Nunca imagine que alguien tan cercano a mi persona pudiera esconderme durante tanto tiempo una frase así; me sentí ridícula, inhumana. Lo más gracioso fue que luego descubrí que existían más personas de mi círculo que la conocían, sí, la conocían: algunos jamás la usaban por verguenza y otros la usaban con descaro. Pero lo más importante de todo es que concluí dos cosas muy importantes:


1- Hay múltiples formas de decir "te quiero".

2- La literatura no es inocente.






por Catalina García H.

viernes 25 de abril de 2008

Inocente


A las ocho en punto la mataron
En su diván,
En su refugio de amor y de guerras.
La mataron sin piedad

Mataron a Catalina
Por la espalda
Indefensa, huérfana,
Con una mano en un bolígrafo
Y la otra en un papel

Pobre pequeña niña,
Mi Catalina,
La mataron antes de nacer de su casa,
Antes de ver el sol de sus jardines
Y aspirar el polvo de sus sabanas

Oh Catalina
Te pillaron desvalida en ese lugar tuyo
Al que no dejabas entrar ni a tus nietos
Porque podían desordenar tus hojas blancas
Y manchar de tinta tus vestidos verdes

Si supieras cuanto de amé, Catalina,
Si supieras las ganas que tengo de caminar hacia atrás,
Cerrar la puerta de ese lugar
Mirar la chapa unos segundos
Y volver a abrirla con esa llave que solo tú me diste,
Solo para verte una vez más.

Pero ya no es tiempo, los diarios lo dicen:
“…A las ocho en punto la mataron,
En su diván, en su refugio de amor y de guerras
Mientras escribía
Con un bolígrafo en un papel
sobre la muerte de una tal Catalina”.

domingo 3 de junio de 2007

Miradas post mortem


Siempre cuando mi hermana se levanta en la mañana y sale de su pieza para dirigirse al baño, utilizo ese pequeño espacio de tiempo, antes de que ella vuelva a enclaustrarse, para entrar en su habitación y mirar la pescera que tiene sobre su escritorio. Es hermosa: un pequeño mundo marino sin horizonte , limitado por cuatro vidrios que lo separan de la realidad exterior. Y me gusta mirar, màs que nada, a los peces prisioneros que nadan en ese acuario; los miro con tristeza, pero a la vez con fascinación, como un momento único cada dia, y me siento como la Maga de Cortazar, fascinada de momentos fugaces, dejándome llevar por el nadar ondulante de cada criatura. Les miro los ojos, e imagino que de ellos caen lagrimas que se confunden con el agua y que, por ese motivo, nadie logra percibir. Pero en el fondo están muertos: sus vidas no tienen sentido, solo sobreviven con algo de comida y cuidados básicos, pero no tienen escapatoria porque, aunque asi fuera, al exterior de la pescera siempre habra un gato esperando para comerlos. No tienen vida, pero estoy segura de que piensan, que razonan, y que cuando los miro ellos también me están mirando, con la misma tristeza con que yo los observo; y creo que les doy mucha pena, y que creen que estoy muerta, y que mi vida no tiene sentido, que al menos ellos disfrutan de su ociosidad protegida tras los vidrios, pues yo estoy afuera ese mundo, vulnerable a todo tipo de fatalidades en mi patetica vida.

Y me sentí sola por un momento.

Pero esta mañana, cuando fui a mirarlos como siempre, una pecesita anaranjada estaba flotando boca arriba: habia muerto. Debo admitir que sonreí un poco, como si hubiera triunfado en algún tipo de venganza. Lo triste es que estaba preñada, igual que yo.

viernes 11 de mayo de 2007

La escritura y la nada


Muchas veces me ha pasado (y yo creo que a ustedes también), que he querido escribir algo genial que todo el mundo admire y comente lo bueno que es, pero no he podido hacerlo, ya sea por falta de inspiración, de "musas", de ganas, de fuerza, o que se yo. Entonces me puse a pensar un minmuto y me dije: "si no tengo nada sobre qué escribir, escribiré sobre la nada misma". Y eso es justo lo que hago ahora. Pero mientras realizo este dificil ejercicio de escribir sobre la nada, me voy dando cuenta de que la nada en la escritura tiene un caracter circular bien curioso. Pues comienzas hablando de la nada, para continuar extendiendo esa nada con superfluas palabras, para finalmente concluir que no has dicho nada. En el fondo, hablar de la nada, implica utilizar muchas palabras que, en su conjunto, como texto, están vacías de contenido, ya que no remiten a "nada" concreto, y caen en un vacío irónico y sin sentido: la nada remitiendo a la nada. Un mundo lingüístico sin identidad. Por lo tanto, si en este momento estoy escribiendo acerca de la nada, este texto tampoco significa nada y no merece ser admirado ni comentado por nadie. ¿Alguien entendió?

domingo 25 de febrero de 2007

Viñata


Es curioso pensar y comparar a grandes artistas como Tom Jones, The Police, Los tres, etc., que se han dejado acariciar y premiar por el público de la Quinta, a quienes el "monstruo" les mueve la colita, con otros artistas que han resultado ser verdaderas piñatas para la diversion individual de los espectadores. Porque esto, en el fondo, nunca fue un Festival de la Canción, sino más bien, el casting de artistas mas grande de latinoamerica: cada artistas se sube, hace su "gracia" y el público decide, omnipotentemente, quién se queda y quién se va. El que se queda, es obacionado, amado y admirado por su gente y por los críticos de la prensa; lo que no, son brutalmente agredidos y mofados por los mismos. Lo peor de todo, es que lo bueno pasa rapidito, pero lo malo, los momentos de tensas pifias y garabatos, quedarán en el recuerdo de muchas generaciones más: "Oye, ¿Y quién se llevó la gaviota este año?", dice uno, "sabí que no me acuerdo, ¿pero cachaste cuando empezaron a gritarle a Sergio Lagos...?", responde el otro.
Un casting bien hipócrita a decir verdad.